"Venite y preparate para lo peor": así vivieron los productores el temporal que destrozó sus granjas

"Venite y preparate para lo peor": así vivieron los productores el temporal que destrozó sus granjas

TÍTULO: Devastación y resiliencia: productores de Salto enfrentan la «peor» cara de un temporal que arrasó sus granjas

CUERPO:
Productores de diversas localidades de Salto sufrieron cuantiosos daños tras un violento temporal de viento registrado en la madrugada del sábado 18 de julio de 2026. Robert Farías es uno de los afectados cuya experiencia ilustra la magnitud de la catástrofe. Afortunadamente, él se encontraba durmiendo en su casa de campo, contiguo a sus instalaciones productivas, una circunstancia que valoró como salvadora: «Menos mal, porque si estaba despierto salía a hacer algo y hubiese sido peor», reflexionó.

Otro caso es el de Franco Bordenave, también productor granjero, quien descansaba en la ciudad cuando un vecino de su campo lo alertó con una frase lapidaria: «Venite y preparate para lo peor».

**Emergencia agrícola declarada**

En respuesta a la severidad del evento, este lunes 20, el gobierno, tras una reunión de la Junta Nacional de la Granja (JUNAGRA), decretó el estado de emergencia granjera en Salto. Esta medida tiene como objetivo principal habilitar mecanismos de asistencia para los agricultores impactados por el vendaval del sábado. Se estima que el temporal causó estragos, con daños que varían de parciales a totales, en unos 300 sistemas productivos distribuidos en 300 hectáreas.

**El relato de Robert: salvos por el sueño**

Robert Farías, quien trabaja en la Colonia 18 de Julio, en el km 493,5 de la Ruta 3, relató a El Observador su vivencia. A las 3:20 de la madrugada de ese sábado, estaba profundamente dormido y no escuchó nada del temporal. «Menos mal», insistió, ya que si hubiera estado consciente, su instinto habría sido intentar proteger algo, lo que, dada la furia del viento con ráfagas de hasta 130 km/h (que incluso cobró una vida en la región), podría haber resultado en lesiones. «Por suerte acá solo fueron pérdidas materiales y no le pasó nada a nadie de la familia», manifestó, resignado ante la «desgracia» material.

Farías tomó conciencia de la magnitud de la destrucción al levantarse por la mañana. Se enteró del «desastre» a través de un grupo de WhatsApp de Salto Hortícola. Al salir de su casa, la visión fue desoladora: «No podía creer lo que había pasado». Su predio sufrió la destrucción del 80% de sus invernáculos, perdiendo entre 3.000 y 4.000 m2 de infraestructura destinada a la producción de tomate y morrón. Aunque logró salvar parte de su tomate Cherry, los macro-túneles de hierro para frutilla, otros 3.000 m2, quedaron «todo roto, todo aplastado», un testimonio del poder «impresionante del viento».

Los daños no se limitaron a los invernaderos. «Un vivero donde tenemos las almacigueras desapareció, el temporal lo arrasó», lamentó Robert. Un galpón de grandes dimensiones, donde guardaba el tractor, insumos, planchas y cajones, quedó «deshecho, el viento no dejó nada». Ante la devastación, su pensamiento fue: «Fue terrible, todo roto, ni quiero pensar en los números de las pérdidas».

Respecto a las finanzas, Robert aclaró que solo una parte de su infraestructura estaba asegurada, ya que las pólizas no cubren invernáculos con cierta antigüedad. Aunque espera recuperar un «60%, un 70%» –lo cual «todo sirve»–, sabe que el proceso es lento: «hay que denunciar, hay que esperar que vengan los peritos a ver los daños, que se resuelva, hay que tener paciencia con el seguro».

A pesar de los recurrentes embates climáticos –»todos los años el viento me rompe uno o dos invernáculos»–, Robert mantiene una actitud de lucha: «no me quedo quieto, me los rompe un temporal y los arreglo y viene otro temporal, rompe y arreglo… no queda otra… por suerte, repito, fueron solo daños materiales, a la familia no le pasó nada y no queda otra que darle para adelante».

**Franco: la advertencia y el golpe en 10 minutos**

Franco Bordenave, por su parte, se encontraba en la ciudad, a unos 5 kilómetros de su campo donde sí estaban sus padres y su hermana. Fue el vecino del predio contiguo, quien había perdido todo, el que lo despertó y le dio la fatídica noticia: «Venite y preparate para lo peor». La granja de Franco se encuentra al norte de la capital salteña, cerca del río Uruguay, antes de la represa, en la Colonia Osimani y Llerena.

Al llegar, Franco se encontró con un escenario desolador. «Cuando llegué fue para ver el desastre que el temporal dejó», resumió. En «10 minutos, menos capaz», el viento «rompió todos los invernáculos, los tiró todos y voló la mitad del techo del galpón de packing».

Además de los daños directos a la infraestructura, se registraron pérdidas significativas en cultivos como tomate, morrón, pepino y frutilla, lo que implica cuantiosos gastos para la reestructuración. La mañana del sábado, la prioridad fue «rescatar lo que se pudiera de frutilla y morrón» y techar algún área para proteger la producción remanente. Al igual que Robert, Franco debe documentar los daños, tomar fotografías y presentar las denuncias a las aseguradoras para intentar recuperar lo máximo posible, aunque no toda el área estaba cubierta.

**El golpe más profundo: el ánimo afectado**

Más allá de lo económico, Franco reconoció que «el impacto mayor está en el ánimo». El esfuerzo y la inversión son «enormes», los costos elevados y los márgenes de ganancia «complicados». Ante tal escenario, «estas son las cosas que hacen que uno se replantee todo, tanto esfuerzo, tanta inversión, esto nos deja muy mal».

Consciente de que la agricultura es lo que mejor saben hacer y su pasión, Franco sabe que «no queda otra que esperar a enfriar un poquito la cabeza, hacer rápido lo que corresponda y se puede y después ver más a largo plazo». La comunidad granjera de Salto, golpeada, se prepara para un largo proceso de reconstrucción y recuperación.

Fuente: Enlace Original

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