Uruguay: Un Respiro en los Costos de Fertilizantes en Medio de la Siembra de Invierno y sus Implicaciones

Uruguay: Un Respiro en los Costos de Fertilizantes en Medio de la Siembra de Invierno y sus Implicaciones

Uruguay experimenta un período de optimismo para su sector agrícola, marcado por la culminación de la siembra de cultivos de invierno en condiciones óptimas y la esperada moderación en los precios de los fertilizantes. Tras un inicio de campaña con desafíos, la combinación de un clima favorable para las labores agrícolas y una mejora en los costos de los insumos genera un alivio bienvenido para los productores.

La principal fuente de este alivio proviene del descenso en el valor de la urea, un producto clave cuyo costo se había disparado desde febrero. Este incremento se atribuyó a las tensiones en Medio Oriente y al cierre temporal del Estrecho de Ormuz, eventos que generaron una interrupción significativa en las cadenas de suministro globales, afectando particularmente a los insumos agrícolas nitrogenados.

Según el ingeniero agrónomo Joaquín Licos, responsable de fertilizantes para Uruguay de Cofco Int., la urea es un «commodity» cuyo precio está estrechamente ligado al gas natural y es vulnerable a conflictos geopolíticos en regiones estratégicas. Después de un pico de US$ 850 por tonelada a fines de abril —un salto considerable desde los US$ 480 previos a los ataques de Estados Unidos a Irán en febrero—, el precio en el mercado uruguayo se ha ajustado a unos US$ 600. Aunque esta cifra aún supera en aproximadamente US$ 100 los valores previos al conflicto (entre US$ 450 y US$ 500), representa una consolidación de las tendencias bajistas tras meses de extrema volatilidad.

Esta corrección de precios llega en un momento de creciente demanda, impulsada por una ventana de siembra de invierno que, a juicio de Licos, ha sido de las más favorables en una década. Se proyecta una alta necesidad de urea para las aproximadamente 850 mil hectáreas dedicadas a trigo, cebada y colza, con las aplicaciones de nitrógeno concentrándose entre junio y agosto.

Los volúmenes de importación reflejan esta dinámica: en abril y mayo de 2026, las 31.500 toneladas de urea ingresadas representaron menos de la mitad de lo importado en el mismo período del año anterior (64.000 toneladas). Los precios promedio de importación experimentaron un aumento significativo, alcanzando US$ 655 por tonelada en abril y US$ 770 en mayo, un incremento interanual del 84% según datos de Aduanas. Sin embargo, los datos parciales de junio muestran una leve moderación, con 27.224 toneladas importadas a un promedio de US$ 761, superando el volumen total de mayo en un contexto de demanda sostenida.

Germán Bremermann, de Barraca Erro, indicó que la reducción en los precios de los fertilizantes nitrogenados se materializó una vez finalizada la fase principal de siembra de invierno, lo que limitó su influencia en la planificación inicial. No obstante, esta disminución es crucial para satisfacer las exigencias nutricionales de los cultivos ya establecidos, especialmente la colza, conocida por su alta demanda de nitrógeno. «Es fundamental para maximizar las aplicaciones de nitrógeno requeridas por estos cultivos, en particular la colza», afirmó Bremermann, anticipando compras de urea a medida que progresen las fases de aplicación. Licos proyecta que, si la trayectoria de los precios del petróleo y el gas continúa a la baja, la urea seguirá esa misma tendencia.

Mientras tanto, los precios del fósforo y el potasio persisten en niveles elevados, aproximadamente un 30% por encima de los valores de inicio de año. Ante esta situación, los productores han adoptado una postura cautelosa, realizando análisis de suelo para ajustar las fertilizaciones a lo estrictamente necesario y asegurar rendimientos aceptables, evitando aplicaciones adicionales. La presencia de remanentes de fósforo en los suelos tras rendimientos de soja inferiores a lo esperado también influyó en esta decisión de mayor ajuste. La buena ventana de siembra, particularmente para la colza (más del 90% de las 400 mil hectáreas proyectadas se sembró en fechas ideales), y el buen arranque de cebada y trigo, contrastan con los bajos rendimientos de soja que complican el panorama financiero del agro.

El fosfato monoamónico (MAP) en Uruguay ha registrado un precio de importación promedio de US$ 892 por tonelada en junio, el más alto desde la crisis de abastecimiento de 2022. La disminución en el volumen de negocios de MAP (una caída del 78% entre abril y mayo) se atribuye, según el experto de Cofco, al notable aumento del precio del azufre, un insumo crucial para los fosfatados. La escasez de oferta de azufre, junto con la fuerte demanda de Brasil y el cese de exportaciones de China, sugieren que los precios del fósforo se mantendrán elevados sin perspectivas de baja a corto plazo, lo que genera incertidumbre para la futura siembra de maíz. El azufre, un subproducto del refinado de petróleo y gas, es vital para el ácido sulfúrico en fertilizantes fosfatados, y su suministro global está significativamente afectado por la situación en Medio Oriente.

En este escenario, Licos enfatiza que la única vía para asegurar la rentabilidad es maximizar la productividad de cada cultivo. La estrategia no pasa por reducir aplicaciones, sino por optimizar el rinde al máximo. Aconseja realizar compras de insumos a demanda, ajustadas a las necesidades específicas de cada etapa, en lugar de planificar abastecimientos de largo plazo. Una buena cosecha invernal permitirá una mejor gestión de costos para los cultivos de verano, incrementando la demanda de nutrientes del suelo para la siguiente siembra.

En la región, Argentina presenta un panorama particular para los fosfatados: aunque el mercado está abastecido sin urgencia de nuevas importaciones, los precios de DAP y MAP se mantienen elevados (entre US$ 970 y US$ 990 por tonelada). Los agricultores argentinos, reacios a validar estos valores, están ajustando drásticamente las dosis de aplicación en sus cultivos de invierno, lo que introduce incertidumbre sobre el consumo real de estos insumos en la campaña. La rentabilidad, en última instancia, se define por la relación insumo-producto. En Argentina, a pesar de la reciente baja del nitrógeno y una corrección del 12% en la cotización del grano, la relación urea/trigo se sitúa en 4,1 toneladas de cereal por tonelada de urea, un descenso desde el pico de 4,5 pero aún considerablemente superior al 2,6 de un año atrás. No obstante, esta mejora impulsó a la Bolsa de Comercio de Rosario a elevar sus proyecciones de superficie sembrada con trigo a 6,82 millones de hectáreas para la campaña 2026/27.

A nivel global, la normalización de la cadena de suministro, particularmente a través del Estrecho de Ormuz, se vislumbra como un proceso paulatino. Esta estratégica vía marítima, crucial para casi un tercio del comercio mundial de urea y hogar de grandes productores de fertilizantes en el Golfo, aún retiene a más de 40 buques con un millón de toneladas de fertilizantes nitrogenados. Las exportaciones semanales continúan un 90% por debajo de los niveles pre-crisis, y se prevé que la prioridad en el tránsito se otorgue a cargamentos de petróleo y gas, demorando la recuperación plena para los fertilizantes.

La FAO ha reportado una contracción del 30% en el volumen del comercio mundial de fertilizantes durante los primeros cuatro meses de 2026 (de 58 a 41 millones de toneladas), debido al encarecimiento de los insumos y la baja en los precios de los granos, lo que llevó a aplazamientos de compra. En respuesta a esta vulnerabilidad, la Unión Europea ha intensificado sus programas de ayuda de emergencia para los agricultores afectados.

En una perspectiva de mediano plazo, el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Alfredo Fratti, sugirió la posibilidad de que Uruguay se establezca como un centro de distribución de fertilizantes rusos para el Mercosur, aprovechando el potencial de Rusia como importante proveedor global. Fratti argumentó que un «enclave» en Uruguay ofrecería mayor estabilidad de precios y un acceso sin aranceles a la región. Sin embargo, esta propuesta enfrenta desafíos debido al actual contexto geopolítico y las limitaciones de posicionamiento internacional de Rusia.

No obstante, más allá de la dinámica de los insumos, la principal preocupación para los cultivos de invierno y arroz, una vez estabilizada la situación en Medio Oriente, recae en el clima de primavera. La incertidumbre sobre la llegada y magnitud de las lluvias asociadas al calentamiento del Océano Pacífico, especialmente en octubre y noviembre, podría comprometer la sanidad del trigo y la cebada y dificultar la preparación para la siembra de arroz. Bremermann expresó el deseo de que «las lluvias torrenciales se retrasen lo más posible», subrayando la relevancia de un clima favorable para la próxima etapa de la campaña agrícola.

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