La Tribuna del Agro: Genética ovina: ¿son las razas actuales las más idóneas?
Tras su participación en las Jornadas de Buiatría, el consultor Gianni Bianchi abordó, para La Tribuna del Agro, una cuestión fundamental en el sector ovino: ¿Estamos empleando las variedades genéticas más idóneas? Con fecha 12 de junio de 2026, a las 5:00 hs, El Observador, a través de La Tribuna del Agro, resaltó que la capacidad competitiva del sector se cimenta en una mayor prolificidad de corderos por oveja. La selección genética apropiada, junto con herramientas como el perro de Maremma, juega un papel crucial en la minimización de pérdidas y el incremento de la productividad. (Foto: Sofía Salada, del establecimiento Lourdes, propiedad de Richard Avelino).
Entre las ponencias más sobresalientes de la edición 2026 de las Jornadas Uruguayas de Buiatría, organizadas por el Centro Médico Veterinario de Paysandú (CMVP), se encontró la del consultor independiente Gianni Bianchi Olascoaga. Su disertación se centró en «Razas ovinas de pelo para la producción de carne en Uruguay: mitos, ventajas y limitaciones».
En un artículo redactado específicamente para La Tribuna del Agro de El Observador, el especialista en ovinocultura enfatizó, entre otras observaciones: «El debate crucial no radica en optar por lana o por pelo, sino en edificar sistemas que sean más eficientes y lucrativos».
¿Empleamos las razas adecuadas? Por el Ing. Agr. Dr. Gianni Bianchi Olascoaga ([email protected])
La elección de la raza posee una relevancia superior a lo que comúnmente se percibe. Uruguay experimentó una disminución de más de veinte millones de cabezas ovinas en menos de treinta años. Si bien esta merma a menudo se vincula con retos comerciales, sanitarios o de mercado, la capacidad de competir en el futuro se define por dos elementos esenciales que recaen en las decisiones internas de cada predio: la incorporación de tecnología y la calidad genética. A lo largo de los años, la adversidad en el rubro ovino se ha imputado a la inestabilidad de los mercados, obstáculos sanitarios y arancelarios, escaso interés industrial, desvalorización de las lanas de mayor grosor, el hurto de ganado, ataques de depredadores, manadas de perros asilvestrados y una gestión que demanda más esfuerzo que la ganadería bovina. Todos estos factores ejercen influencia, pero no bastan para justificar la reducción de más de 26 millones de ovinos a una cifra inferior a los 5 millones.
¿Por qué los rendimientos tanto reproductivos como productivos se mantienen por debajo de las capacidades que ofrecen los esquemas contemporáneos? Una porción de la explicación reside en las propias explotaciones. Pese a la disponibilidad tecnológica, su implementación es insuficiente. Se ha demostrado que las herramientas tecnológicas, tanto de proceso como de insumo, específicamente diseñadas, incrementan de forma notable la productividad. No obstante, su incorporación continúa siendo limitada. Incluso con una adopción generalizada de estas innovaciones, el factor genético seguiría siendo un determinante crucial del éxito final.
(Establecimiento Lourdes 11, La Tribuna del Agro / Primero, obtener más corderos; posteriormente, lograr mayor volumen de carne. La sinergia entre razas maternas y terminales es el pilar de los sistemas ovinos de vanguardia. Foto: Sofía Salada, establecimiento Lourdes, de Richard Avelino).
El potencial máximo de producción está intrínsecamente ligado a la genética. Mientras que la tecnología nos acerca a ese potencial, es la genética la que establece el límite superior. Históricamente, la ovinocultura en Uruguay se basó en razas de doble propósito; sin embargo, los modelos más competitivos han migrado hacia la especialización. La premisa es clara: primero, generar un mayor número de corderos, y luego, incrementar el peso cárnico por cada uno. Por esta razón, naciones como Australia y Nueva Zelanda sustentan gran parte de su ventaja competitiva en razas maternas con alta prolificidad y en cruces terminales orientados a la producción de carne. La capacidad de parir múltiples corderos es el motor fundamental del sistema; sin un mayor número de corderos, ninguna tecnología logrará multiplicar la producción cárnica. Las razas de tipo materno (como Highlander y Border Leicester) elevan la cantidad de corderos por oveja anualmente, en tanto que las razas terminales (ej. Southdown, Ile de France y Poll Dorset) contribuyen al crecimiento, la conformación y el rendimiento de la canal. Los esquemas productivos más avanzados integran ambas tipologías.
La potencia de la sinergia entre genética y tecnología. Los avances productivos más significativos se logran al integrar diversas tecnologías. (Captura de pantalla 2026-06-10 132058). La articulación de una genética superior, un manejo adecuado, mejoras en la infraestructura y una eficiente terminación puede elevar la producción de carne por hectárea en más de veinte veces. Adicionalmente, más allá de optimizar el crecimiento y el rendimiento de la canal, el sistema de corrales actúa como un «piso adicional» en el predio: permite disponer de forraje para la invernada de corderos provenientes de otras fuentes.
Variedades ovinas sin lana: entre la demanda y los hechos. Se ha observado un incremento en el interés por las razas de pelo, motivado por la depreciación de las lanas de grosor medio y grueso, los elevados gastos asociados a la esquila y los obstáculos para su comercialización. No obstante, no existe una única «raza de pelo»; más bien, se presentan diversas opciones con atributos y desafíos distintos. Asimismo, la muda de lana no siempre se produce de manera uniforme ni implica un costo cero. La carencia de vellón es solo una cualidad entre muchas. El foco del debate no debería orientarse a la presencia o ausencia de lana, sino a cuál configuración genética posibilita generar mayor número de corderos, más cantidad de carne y, en última instancia, mayor rentabilidad.
Priorizar la evidencia sobre las tendencias. Un peligro contemporáneo radica en analizar las razas existentes sin antes determinar cuáles son las más prometedoras y someterlas a una validación exhaustiva bajo las condiciones específicas de Uruguay. El panorama mundial cuenta con más de un centenar de razas de pelo, las cuales no conforman un conjunto uniforme. Entre ellas, la Katahdin se perfila como una opción digna de consideración para pruebas en Uruguay, aunque los datos a nivel global no pueden reemplazar la investigación llevada a cabo localmente. Antes de impulsar modificaciones, es indispensable realizar comparaciones rigurosas y a largo plazo con los mejores materiales genéticos ya disponibles. La zootecnia abunda en casos donde la popularidad superó a la verificación empírica. El sector ovino uruguayo no debería caer en el mismo error. La cuestión central no es si se produce lana o pelo, sino cómo estructurar sistemas que sean más productivos y, a la vez, más rentables. Se requiere una dosis menor de efusividad y una mayor cantidad de pruebas concluyentes. Las modas son pasajeras; los sistemas productivos que prosperan, perduran. (20260604_094348 Gianni Bianchi durante su exposición en la actividad organizada por el CMVP. Foto: Pablo Blanc).
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