El MGAP emite una nueva directriz para optimizar el control de la garrapata bovina

El MGAP emite una nueva directriz para optimizar el control de la garrapata bovina

Aunque la incidencia de garrapatas en el ganado bovino disminuye durante el invierno y principios de primavera, el ciclo vital de este parásito sigue activo, según una reciente advertencia del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). En el marco de su campaña educativa «Aprendiendo sobre la Garrapata Bovina», gestionada por la Dirección General de Servicios Ganaderos (DGSG), el MGAP ha difundido una innovadora recomendación a los productores y profesionales del ámbito ganadero, destacando la importancia de no postergar las acciones de control.

Esta iniciativa educativa se dirige a productores, veterinarios y otros profesionales del sector, buscando proporcionarles conocimientos prácticos que faciliten la comprensión del comportamiento de la garrapata y, en consecuencia, la adopción de estrategias sanitarias eficaces y a tiempo.

El MGAP subrayó que, aunque la cantidad de garrapatas en los vacunos disminuye en los meses fríos y al inicio de la primavera, el proceso biológico del parásito continúa desarrollándose. Por ello, intervenir preventivamente en esta fase resulta más eficiente y económico que aguardar la manifestación de una infestación evidente. Se destacó que un error común en la gestión de la garrapata bovina es demorar los tratamientos hasta que una gran cantidad de parásitos sea notoria en el ganado, momento en el cual una parte considerable de su ciclo reproductivo ya se ha completado.

Se especificó que, en invierno y al principio de la primavera, la densidad de población de garrapatas es menor, y un número significativo de ellas reside en el entorno. A esto se suma que el denso pelaje de los animales en esta estación puede enmascarar su presencia, dando la falsa impresión de ausencia del problema, a pesar de que el ciclo biológico ya ha iniciado. Por consiguiente, el Plan Nacional de Lucha contra la Garrapata aconseja iniciar la planificación del control con la primera generación, que emerge entre julio y agosto. Esta intervención temprana es crucial, ya que permite disminuir drásticamente la población parasitaria en las generaciones subsiguientes y optimizar la gestión sanitaria a lo largo de todo el año. Retrasar la acción hasta que la infestación sea claramente perceptible generalmente conlleva un incremento en la cantidad de garrapatas, la necesidad de más aplicaciones de tratamientos y, consecuentemente, mayores gastos para el predio. La meta, por tanto, es la anticipación proactiva, no la mera reacción; la estrategia más eficaz es diseñar los protocolos de tratamiento en colaboración con un veterinario de confianza, adhiriéndose estrictamente a los cronogramas y directrices específicos para cada propiedad ganadera.

Fuente: Enlace Original

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload the CAPTCHA.